Agilidad con Scrum: La velocidad no lo es todo

Por: Guillermo Crisóstomo


Para nadie es un misterio que la agilidad llegó para quedarse. Bajo este contexto, son muchas las organizaciones que han comenzado a trazar y ejecutar un plan de transformación. Es en este aspecto en el que Scrum destaca como el principal punto de entrada metodológico debido, entre otras cosas, a su ligereza y simpleza.


Un primer inconveniente que comienza a aparecer de a poco al momento de trabajar con dicho marco de trabajo: dado que la Guía Scrum no plantea específicamente indicadores o elementos que deban ser considerados a la hora de realizar mediciones.


Con la idea de llenar este vacío conscientemente dejado en el marco, es que se plantea un pequeño set de indicadores que complemente la información base de Scrum, y que sirva de referencia para comenzar a aplicar el marco sin perder los valores y principios de agilidad en los que se encuentra basado.


1.- Objetivos de negocio.


Es clave al momento de iniciar el trabajo con Scrum, establecer uno o varios elementos cuantificables que permitan definir el concepto de valor, el que se deberá ir alcanzando en la medida que el uso del enfoque experimental permita construir incrementos de producto que tengan impacto en dichos elementos. Para esto es fundamental identificar los objetivos de negocio que se persiguen con el producto y establecer también cómo se medirán dichos objetivos. Estos indicadores cuantitativos permiten validar si un incremento de producto está teniendo el impacto hipotético deseado, y ajustar la priorización si el resultado no es el esperado.


2.- Predictibilidad


Uno de los indicadores más utilizados cuando se habla de Scrum es la velocidad. Sin embargo, la Guía Scrum no la plantea como un elemento propio del marco de trabajo, lo que genera que su uso, a pesar de ser masivo, no está necesariamente basado en los principios y valores de la agilidad. La consecuencia de esto es que muchas veces sea utilizado como el indicador principal de performance de los equipos, y también para realizar comparaciones entre ellos.


Sin embargo, existe un enfoque para su uso que está más asociado a los valores y principios de la agilidad, y tiene que ver con medir a partir de puntos planificados y completados en un sprint, el nivel de predictibilidad que el equipo tiene. Pero ¿para qué querríamos medir la predictibilidad? Principalmente por 2 aspectos: medir la predictibilidad de un equipo permite mejorarla y contar con una capacidad predecible es un aspecto positivo.


3.- Trabajo restante del sprint


Scrum está basado en el empirismo, es decir, tomar decisiones con base en lo que se observa. Es por esto que resulta clave para un un equipo que ya se encuentra en un sprint, analizar lo que ha ocurrido, con el objetivo de tomar decisiones que permitan reaccionar a los aspectos no planificados que puedan influir en su pronóstico, o impedir el cumplimiento del objetivo.


4.- Calidad técnica


“La atención continua a la excelencia técnica y al buen diseño mejora la agilidad”, indica uno de los 12 principios ágiles. Y a pesar de que en este artículo está planteado como el último aspecto a considerar para medir, no es en absoluto porque sea menos importante. Independientemente del marco de trabajo utilizado, la calidad técnica es clave en la agilidad.


¿Cuáles elegir? Como siempre, no hay recetas únicas. Lo importante es seleccionar de acuerdo al contexto y madurez técnica de la organización, ya que no se puede hablar de agilidad sin excelencia técnica.







Guillermo Crisóstomo

Delivery Director

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